Estrella fugaz,
que arde en fuego de la peor clase,
hogar de las ratas,
lugar donde esto yace.
No hay sentido,
no hay visión,
ni carisma, ni convicción,
sólo calla,
y escucha al silencio reinar,
porque este es su mundo,
el que tanto me cuesta gobernar.
La madera está mojada,
arde de mala gana,
no hay trato alguno,
ya no queda nada,
sólo poesía,
que quema con la intensidad de mil soles.
La profundidad nocturna,
guía mi instinto animal,
se presta para mal,
se presta para carcomer,
se presta para intuir al mal camino,
se presta para efectos secundarios.
Sólo yo,
mi consciencia,
y mi curiosidad humana,
la debilidad que carece sentido común.




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